domingo, 26 de abril de 2009

TRES LIBROS PARA SALVAR UN DOMINGO


Un Gran Chico: El cinismo como única alternativa de supervivencia a la vida moderna o como Nick Hornby (más conocido por aquel libro maravilloso convertido en maravillosa película que fue Alta Fidelidad) consigue crear otra de esas historias que parecen contar poca cosa y están contando la vida misma. Una de esas que te atrapan un día y ya no te sueltan, con la suerte de que si ese día además es domingo, quizás consiga salvarlo (siempre en su justa medida y dependiendo de la noche de sábado que haya tenido cada cual).


Blancas Bicicletas: un libro esencial escrito por un productor esencial acerca de una época esencial. Esencial en la música, claro. El productor (además de otras muchas cosas) es, en cuestión, Joe Boyd y la época son los 60, que 'empezaron el verano de 1956 y finalizaron en octubre de 1973'. Increíble que se pueda vivir 26 años sin haber leído antes este libro.


La Cocina de la Mafia. (cocina italoamericana). Cuando se vive con un loco de la cultura italiana y se cuenta además con cierta inquietud por la cocina y sus misterios, es de cajón que hay que comprar este libro de Joe Cipolla cuando se cruza en tu camino. Lo peor del mismo son las múltiples recetas cárnicas (incluida una a base de... palomas!) que nunca verán en la luz en esta casa. Lo mejor, las increíbles recetas de pasta y verduras, sabrosas a la par que sencillas, y las curiosas referencias al mundo de la mafia (a pesar del cutrerío de las fotos de pelis que adornan el libro).


vinoPOP: Casalobos 2004. Vino de la Tierra de Castilla. Syrah, Cabernet Sauvignon y Tempranillo. 14%. Se puede conseguir por unos 14,5€ en el Rerserva y Cata que hay cerca de la calle Barquillo, aunque según su dependienta la próxima añada llegará con el precio duplicado. Una decisión que no parece muy inteligente ahora mismo, pero que se va a esperar de la Quinta del Buitre... El vino eso sí, buenísimo, y excelente cuando se acompaña de unos Espagueti 'Greaseball'.
'greaseball':miembro veterano, no nacido en EEUU.

lunes, 20 de abril de 2009

LOS MEJORES FOGONES

Estos son los 10 mejores restaurantes del mundo según la revista Restaurant, que cada año otorga los que seguramente son los premios más prestigiosos en este campo (obsérvese que son cuatro los españoles que se encuentran entre los 10 primeros y que El Bulli repite por quinto año consecutivo como el mejor restaurante del mundo. Telita).
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- El Bulli, España
- The Fat Duck, Reino Unido
- Noma, Dinamarca
- Mugaritz, España
- El Celler de Can Roca, España
- Per Se, Estados Unidos
- Bras, Francia
- Arzak, España
- Pierre Gagnaire, Francia
- Alinea, Estados Unidos
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vinoPOP: Un vino de bodegas Conde que los Yani Como han personalizado con motivo del lanzamiento de su último disco: 13 Formas de Reparar un Corazón, que han tenido a bien regalarme y que, como suele pasar con los vinos de esta gente, resultó buenísimo.

lunes, 13 de abril de 2009

CIUDADES DEL MUNDO: BERLÍN (y cáceres)


BERLÍN. Día 1
Lo mejor de nuestra llegada a Berlín fue descubrir que sólo con tirarnos en la cama teníamos vista privilegiada a la torre de la televisión (a la que pudiendo ver así, ¿para qué subir?) y lo peor, comprobar la penosa forma física en la que me encuentro, algo que ya venía sospechando y que esto de hacer turismo acabó por confirmar. Y eso, aun tratándose de turismo gastronómico (como suele ser el nuestro) y emocional (como lo fue en Berlín).
Aquí omitiré el tema emocional (que cada uno vaya y juzgue por sí mismo la ciudad) y me limitaré al hedonista, que de eso se trata.

El primer día en Berlín, como suele pasar con todos los primeros días, nos sirvió como toma de contacto y también para averiguar que toda la ciudad en sí es una enorme sucesión de edificios enormes que hicieron que mi filosofía de "seguro que es por ahí que están las callejuelas" perdiera toda su credibilidad mucho antes de que acabase el día. Al final, lo más similar a callejuelas que encontramos resultó ser el barrio pijo-modernil de Mitte que teníamos a apenas dos minutos del hotel. Y es que una vez se consigue salir de ese complejo turístico-comercial de dudoso gusto que es la Alexanderplatz se encuentra uno con un barrio inundado de tiendas y bares al más puro estilo Fuencarral. O sea, el típico rollo que una quisiera odiar y cuyo encanto a base de juventud guapita, terrazas y tiendas vintage siempre acaba por conquistarnos un poco.

BERLÍN. Día 2
El segundo día comenzó con el descubrimiento del Oliv, uno de los bares modernuquis con encanto de Mitte y posiblemente el mejor de todos ellos donde tomarse un latte macchiato. El Oliv se convirtió desde el primer mordisco de cruasán en nuestro garito de referencia, 3 desayunos en 3 días y a cada cual mejor.


Para la comida optamos por movernos de Mitte y pillar un metro a Kreuzberg. Todo por conocer el Spindler & Klatt. Una de esas viejas fábricas reconvertida en garito que para nuestra desesperación (tras una caminata que nos pareció infernal) resulta que no abre hasta mayo. Por suerte, la zona resultó tener ambientazo más allá del Spindler, como pudimos sospechar por el 'after montado por unos chavales en un bajo (bajísimo) a base de tecno pinchado a cuatro manos en unos platos colocados suicidamente en la esquina de una ventana con vistas a una calle ininmutable'. Escena impensable en Madrid, aunque quizás sólo se debiese a que era viernes santo, porque a partir de esa casa todo eran hordas de jóvenes cerveza en mano y rostro feliz. Con este panorama, que finalmente acabásemos comiendo en el único restaurante donde no servían vino (ni ningún tipo de alcohol reconocible) fue una tragedia que sobrellevamos gracias a una energética quiche vegetal que nos fortaleció para el resto de un día muy fructífero.

BERLÍN. Día 3
El tercer día fue el más francés de todos, y no sólo porque comenzase el día comprándome una camiseta de Sebastian Tellier (que ya me vale), sino porque decidimos ir a lo seguro y pillarnos un metro a la zona de Charlottenburg a probar una de las recomendaciones de nuestra guía, el París Bar. Un garito de los 60 repleto de "piezas de arte del desaparecido Martin Kippenberger, cuya obra tipifica el Berlín de los 80". Según la Wallpaper "la segunda casa de una miríada de actores, artistas y personajes famosos que parecen no moverse de aquí ... aunque los platos y las bebidas no son para tirar cohetes, lo bueno es la clientela, no la cocina". Un comentario que debimos tener en cuenta antes de decidir ir a comer a las 5 de la tarde, cuando el máximo ambiente que encontramos fue el de un par de tipos en la terraza comentando una revista de guitarras y el de una pareja madurita comiendo discretamente en la otra punta del restaurante. No sabemos si serían famosos pero desde luego no elegimos el mejor momento. Aun así, vale la pena acercarse.

Para la cena decidimos ir (más) sobre seguro y conocer el Shiro i Shiro, uno de esos sitios del que oyes de todo y que nunca te arrepientes de probar por ti mismo (y es que la ración de makis no puede faltar allá donde se vaya). Aquí sin embrago no resultaron ser lo mejor de la cena, sino un estupendo tataki de atún rojo y sobre todo el Ebi Udon (tremendo platazo a base de fideos y langostinos) que me comí yo solita. Restaurante de visita obligada para cualquier visitante de Berlín con cierta simpatía por la fusión asiática. Visita obligada por la comida, por la decoración y por los camareros. Más majos que las pesetas.

Eso sí, después de este tipo de cenas recomendamos se busque un buen sitio donde hacer la digestión, por ejemplo, la sesión White Noise que cada sábado programa el White Trash Fast Food, un lugar inmenso y caótico donde comer, tatuarte, hacerte algún peinado moderno o (opción recomendada) bailar toda la noche a base de MGMT, Franz Ferdinand, The Last Shadow Puppets, Vampire Weekend, The Ting Tings y en definitiva, todo lo bailable que nos dejó el año pasado y empieza a dejarnos éste. Poco original pero resultón y mucho más recomendable que las discotecas sin personalidad rollo Panorama o Kma 36.

BERLÍN. Día 4
Cuarto y último día en el que todavía nos dio tiempo de repetir en el Oliv y visitar el turistiquísmo Checkpoint Charlie, camino hacia el cual descubrimos el Newton, "bautizado en honor a Helmut Newton y con sus fotografías a tamaño real de amazonas desnudas con tacones en la pared". Para verlo, a pesar de los 4 euros que me cobraron por un vaso de agua (vaso, que no botellín ni botella).

A Berlín deberíamos volver en junio, exactamente junto a los Fleet Foxes y Neil Young.


CÁCERES & TRUJILLO

Otra ciudad del mundo también es Cáceres, concretamente esa que tras suspenderse la posibilidad de Zaragoza nos convenció para desestimar el concierto de ManosdeTopo y un viaje relámpago a Portugal gracias a uno de los mayores atractivos para cualquier amante del vino: El Atrio. Un restaurante de pedigrí pero sin tonterías comandado por Toño y Antonio, pareja feliz que sabe hacer feliz al que les visita.

Ésta fue la degustación que nos ofrecieron:

- Milhojas de boquerón con vinagreta de avellana
- Manjar de almendra con crema tibia de calabaza y castaña
- Ostra Napoleón
- Cigala con nuez de macadamia y puré de almendra
- Vieira asada con trufa negra
- Salmonete con salsa de azafrán y cítricos
- Bogavante con tomillo limonero
- Toffe, mousse de chocolate, crujiente de chocolate y crujiente de café + dos copas de Sauternes


Todo ello, acompañado por dos de los mejores vinos que he probado en mucho tiempo:

- La Fleur de Bouard 1998. Lalande de Pomerol (Burdeos). Melot90%, Cabernet Franc10%.
- Almaviva 2001. Viña Concha y Toro (Chile). Cabernet Sauvignon y Carmenere.

Dos vinos que (por recomendación de Toño) bebimos al tiempo y según el plato servido. Absolutamente recomendable la experiencia para menús degustación.

Con todo, se entenderá que el Atrio fue la razón del viaje, pero lo cierto es que Cáceres (y también Trujillo) es una ciudad de lo más pintona. Y tiene un parador que es de lo mejor.
Que no todo Extremadura es Contempop... Quien lo iba a decir.

vinoPOP: Georg Mosbacher 2007. Riesling. 11.5%